Conducir en plena ola de calor no es solo incómodo: puede ser peligroso. El interior de un coche cerrado puede alcanzar temperaturas letales en cuestión de minutos, y el calor afecta tanto a la concentración del conductor como a los pasajeros más vulnerables. En este artículo te explicamos cómo protegerte tú, a los niños y a tu mascota durante la conducción en verano.

Cuando el sol golpea directamente sobre la carrocería, la temperatura interior se dispara. Según un estudio del RACE, con una temperatura ambiente de entre 27 y 29 °C, un coche cerrado al sol puede duplicar esa temperatura en 30 minutos y superar los 60 °C a las dos horas. Otro estudio de la Sociedad Española de Atención al Paciente Crítico (SEAPC) y RiverKids sitúa el interior en torno a los 50 °C tras una hora al sol.

El efecto invernadero del vehículo atrapa el calor: el cristal deja entrar la radiación solar pero impide que el calor acumulado salga. El salpicadero, los asientos y el volante actúan como acumuladores térmicos. Una vez caliente, el interior tarda bastante en enfriarse incluso con el aire acondicionado encendido.

Dato clave: un coche aparcado al sol en verano puede alcanzar 80 ºC en su interior. A esa temperatura, incluso un adulto sano puede sufrir un golpe de calor en minutos.

Esta regla no tiene excepciones. Dejar a un niño pequeño, a una persona mayor o a una mascota dentro del vehículo aparcado, aunque sea «un momento», puede tener consecuencias fatales.

Los niños son especialmente vulnerables: su cuerpo se calienta hasta tres veces más rápido que el de un adulto. Los bebés y niños de corta edad no pueden regular su temperatura corporal ni pedir ayuda.

Las mascotas tampoco están a salvo. Los perros no sudan como los humanos: jadean para enfriarse, y ese mecanismo deja de ser eficaz cuando el ambiente supera los 40 ºC.

Si ves a un animal o a un niño solo dentro de un coche al sol, llama al 112 sin dudarlo.

Antes de meterte en el coche, ventílalo:

  • Abre las cuatro puertas durante uno o dos minutos para que salga el aire caliente.
  • Activa el aire acondicionado con la ventilación en modo «exterior» (no recirculación) durante los primeros minutos.
  • Si llevas parasoles en el parabrisas y las ventanillas traseras, el habitáculo se mantiene mucho más fresco durante el tiempo de aparcamiento.

Una vez en marcha, cambia a recirculación cuando el interior ya esté frío: el sistema enfría más rápido el aire que ya está a baja temperatura.

La fatiga al volante aparece antes cuando hace calor. Sigue estas recomendaciones:

  • Hidratación constante: bebe agua antes de notar sed. Con calor extremo, la deshidratación se produce sin apenas percibirla.
  • Pausas frecuentes: para cada 90-120 minutos en carretera, aunque no tengas sueño. Un lugar con sombra o un área de servicio con climatización son ideales.
  • Temperatura del habitáculo: mantén el aire acondicionado entre 21 y 24 ºC. Una diferencia muy grande con el exterior puede provocar cortes de digestión y malestar.
  • Evita las horas centrales: si puedes, planifica los trayectos largos antes de las 11:00 o después de las 20:00.
  • Ropa cómoda: la ropa ligera y transpirable reduce la fatiga térmica.

El calor extremo pone a prueba varios sistemas del vehículo. Antes de un viaje largo en verano, revisa:

  • Refrigerante del motor: comprueba el nivel y el estado del líquido. Un motor mal refrigerado puede sobrecalentarse en atascos o subidas prolongadas.
  • Aire acondicionado: si el sistema no enfría bien, cárgalo con antelación. En plena caravana de verano, los talleres están saturados.
  • Neumáticos: con el asfalto caliente, la presión de los neumáticos sube. Revísala en frío y ajústala a lo que indica el fabricante.
  • Batería: el calor acorta la vida útil de la batería. Si tiene más de 3-4 años, conviene revisarla antes de un trayecto largo.
  • Líquido limpiaparabrisas: usa uno adecuado para verano, que no se evapore con el calor.


Recomendación final