El seguro a todo riesgo es la modalidad más completa que puedes contratar para tu coche. Pero también es la más cara, y no siempre compensa. Te explicamos qué incluye y en qué casos merece la pena.

A diferencia del seguro a terceros, el todo riesgo cubre también los daños de tu propio vehículo, independientemente de quién tenga la culpa. Las coberturas habituales son:

  • Daños propios: cubre los daños de tu coche en cualquier accidente, incluidos los que tú causes
  • Robo del vehículo
  • Incendio
  • Lunas: rotura de parabrisas y ventanas
  • Fenómenos naturales: granizo, inundaciones, rayos
  • Asistencia en carretera 24 horas
  • Coche de sustitución durante la reparación

Algunas pólizas incluyen también cobertura para accesorios, equipaje o accidentes del conductor.

El todo riesgo sin franquicia cubre el 100% de los daños sin que tengas que pagar nada. El con franquicia implica que en caso de siniestro pagas una cantidad fija (por ejemplo 300 €) y el resto lo cubre la aseguradora. A cambio, la prima anual es más baja.

El todo riesgo compensa principalmente en estos casos:

  • Coche nuevo o de menos de 5 años: el valor del vehículo es alto y una reparación puede ser muy cara
  • Conductor novel: más probabilidad de golpes y accidentes leves
  • Coche financiado o en renting: muchos contratos lo exigen obligatoriamente

Si tu coche tiene más de 8-10 años y su valor de mercado es bajo, pagar una prima elevada de todo riesgo puede no tener sentido. En ese caso, un seguro a terceros ampliado con lunas y asistencia puede ser suficiente y mucho más económico.


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